Son muchos los profesionales que durante años han cuestionado la existencia de la depresión infantil. Y esa reticencia a su aceptación, es motivada por la idea de la infancia feliz, una fantasía forjada por el deseo del adulto.

depresión infantil bu

Creencias que abarcan desde la idea infundada de que la tristeza y las preocupaciones infantiles son leves y pasajeras, que responden a hechos “sin importancia”, e “irrelevantes” para el adulto, que cree estar en posesión de lo que él mismo denomina “problemas reales”… hasta la idea de que el niño pequeño no puede presentar sentimientos de culpa intensos ya que carece de responsabilidades “importantes”… Estas falacias (entre otras), no han ayudado a conceptualizar la depresión infantil como entidad nosológica y en consecuencia, otorgarle la atención y el tratamiento que merece.

No será hasta los años 70 cuando el surgimiento de la teoría de la depresión enmascarada, supuso un avance que ampliaba la concepción del trastorno, y por tanto, el reconocimiento de la depresión en el mundo infantil. Pero, ¿qué es eso de “depresión enmascarada” y qué tiene que ver con los niños?

Pues bien, en los niños los síntomas no se manifiestan de la misma manera que lo hacen en el adulto. Y es lógico. Las defensas se encuentran en construcción, los mecanismos de regulación emocional están en pleno desarrollo, o quizá aún ni han aparecido; o bien los padres presentan unos mecanismos tan disfuncionales, que el niño no ha podido adquirir las herramientas necesarias para hacer frente al medio.

Como adultos nos olvidamos de que no sólo es su cuerpo el que ha de crecer, también su psiquismo está en plena construcción y desarrollo. Es por ello que los síntomas en el niño, nada tienen que ver con lo que conocemos de la depresión en la edad adulta.

En los niños puede observarse un estado de ánimo irritable o disfórico en numerosos problemas propios de la infancia y la adolescencia, es por ello que la presencia de dicho estado de ánimo, no nos lleva obligatoriamente al diagnóstico de depresión. Pues la depresión podría constituirse como un problema latente que puede manifestarse de diferentes formas.

La edad modula las características y las repercusiones negativas de la depresión

Os ofrecemos una lista con los síntomas que se pueden presentar en la infancia (en cualquier caso, exponemos únicamente los síntomas observables que pueden detectar padres y profesores):

  1. Estado de ánimo irritable o disfórico (melancolía)
  2. Cambio de actitud hacia las actividades que antes disfrutaba (disminución del interés o del placer en las actividades)
  3. Ideación autodespreciativa (sentimientos de inutilidad o culpa)
  4. Conducta agresiva – Agitación motora
  5. Alteraciones del sueño
  6. Disminución en la capacidad para pensar y concentrarse (cambios en el rendimiento escolar)
  7. Quejas somáticas
  8. Pérdida de la energía habitual, cansancio, fatiga
  9. Cambios en el apetito y/o en el peso
  10. Pensamientos de muerte

En la infancia predominan los sistemas psicofisiológicos y motores, por lo que el momento evolutivo en el que nos encontremos, será clave para determinar la naturaleza en la que se expresarán nuestros síntomas.

Es muy importante señalar que la sintomatología observable, no tiene por qué suponer una relación directa con el conflicto psíquico que subyace.

 

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